Fiesta de San Pedro patrón de los pescadores

 El viernes por la noche era la fiesta de San Pedro, patrón de los pescadores, en el Puerto de Pollença.

Ya que me siento hija adoptiva de esta zona, no podía faltar: he participado a la fiesta con el entusiasmo y la ilusión de quien no ha estado nunca a la fiesta pero que siempre ha sentido dentro el corazón, escondido en algún lado, la sensación de haber vivido, quizás en otra vida, en un lugar de mar.

 

  

Nosotros hemos llegado justo a tiempo para la sardinada popular, o sea la ocasión en la cual los habitantes del puerto (y los turistas que con mucho interés de apuntan a este tipo de evento) se reúnen en el muelle pesquero para preparar y comer todos juntos sardinas a la braza acompañadas por el típico pa amb oli con un poco de tomate. 

Nada podía ser más exquisito que comer un plato tan sencillo en buena compañía, con fresco vino blanco pero sobre todo en el barco de pesca de familia en la baya al tramonto. la felicidad está en los pequeños detalles.

 

  

Cuando empiezas a disfrutar de las experiencias sencillas con el entusiasmo de un niño, sin ninguna expectación, te das cuenta de estar viviendo experiencias especiales. Compartir momentos de fiestas con amigos, familiares y la comunidad a la cual se pertenece e unos de los valores que todavía se aprecia en los pequeños pueblos del Mediterráneo.

 

 

Reencontrarse y comer todos juntos es una ocasión para retomar amistades apartadas por motivos de trabajo o de estudio. Por esta razón las fiestas patronales tienen un valor de reencuentro muy fuerte sobre todo en los jóvenes que a lo mejor viven fuera de su pueblo. Se vuelve para encontrarse en un momento de fiesta: y la fiesta se duplica!

Vivirla como quien la organiza y la siente como una cita importante que se respeta cada año me arrastra en esta alegría colectiva.

De esta manera una sencilla sardinada en el puerto se transforma en una noche inolvidable.

 

 

 

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