Rojo tomate

El calor de estos días de verano dan ganas de comer muchas fruta y verdura también por el el sabor especial que tienen en esta temporada.

La verdura que en absoluto marca para mi el verano es sin duda el tomate, en todas sus variantes. 

Lo adoro probablemente porqué soy italiana y es uno de los ingredientes esenciales para condimentar de cualquier manera la pasta, pero desde cuando vivo en España he descubierto cuanto sea rica una de las recetas más conocidas al mundo y que en este periodo del año se come prácticamente en todo el estado sin exclusión: el gazpacho. En estos días particularmente calurosos lo prefiero porque no solamente refresca sino que además nutre y proporciona una carga de vitaminas increíble!

 

 

La receta es muy sencilla ya que no es nada más que una crema fría  preparada con tomates, pimientos verdes, un poco de pan viejo, un ajito, una cebolla blanca y un poco de vinagre y sal a gusto, el todo batido y servido bien frío (algunos incluso lo trituran con hielo). El sercréto de como lo comemos nosotros en casa tiene influencias italianas (como no podría ser diversamente) y mallorquinas. Una vez preparado, al momento de servirlo, le añadimos uno o dos huevos duros cortados (en base a las personas), un pepino  cortado en cubitos finos, alcaparras y como toque italiano añadir unas escamas de parmesano…divino!! Probado nunca?

 

 

El tomate es para mi un elemento fundamental de la cocina y ahora que nuestro pequeño huerto empieza a ver madurar estos pequeños tesoros rojos es el momento ideál para saborearlos llenamente.

Tengo ganas pero de conservarlos también para cuando estaré obligada a comprare los del supermercado, que evidentemente no tienen nada que ver con estos, por esta razón estoy empezando varios procesos de conservación. El primero que he probado a experimentar, porque hasta ahora no lo había conseguido nunca, es un producto común a los Países del Mediterráneo: los tomates secos.

 

  

La primera prueba la hice solamente con 5 tomates, para que no se desperdiciaran demasiados en el caso de que no fuera bien, pero el experimento resultó ser todo un éxito inesperado! El secreto está en escaldarlos en agua hirviendo dos minutos antes de partirlos a la mitad (dejando pero una parte unida) y meterlos en una caja de madera con un trapo abajo para ponerlos a secar al sol para 4 o 5 días hasta que se sequen. Después se procede a ponerlos en botes con aceite y u poco de ajo. Una ejecución sencilla que se agradecerá este invierno porqué recordará los sabores de verano!

  

 

Me comentan que aquí en Mallorca no es costumbre conservar los tomates de esta manera, pero estoy segura que en otros lugares sí se hacen a los mejor en manera distinta…alguna sugerencia para darme nuevas recetas con tomates, mi pasión? ;)

 

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